Bolsas biodegradables, reciclables, compostables…¿Cuál es la buena?


Biodegradable, reciclable, compostable, degradable, reutilizable o incluso varios de estos atributos juntos, el caso es que no hay bolsa sin un rótulo acabado en “able”. Todos ellos informan de supuestas ventajas para el medio ambiente frente al peor de los destinos posibles, que la bolsa acabe contaminando el entorno durante cientos de años, cuando se descomponga en diminutos fragmentos, lo que no significa que haya desaparecido. Estas denominaciones lanzan un mensaje “verde” al consumidor y lavan la imagen del comercio, pero ¿qué significan realmente?

Biodegradable

Se anuncian como bolsas de fécula de patata, de maíz, etcétera. Fabricadas con material que se descompone con la exposición al aire, al agua o a la luz solar.  Las más modernas están hechas con almidones combinados con polímeros biodegradables y se descomponen en materia orgánica. El problema es que coexisten en el mercado con otras de almidones mezclados con derivados del petróleo en las que se encuentran metales pesados como cadmio, plomo y berilio. Además, su fabricación requiere una cantidad similar o mayor de energía y recursos naturales que las convencionales.

Otro de los inconvenientes es que muchas veces acaban mezcladas con las normales en el contenedor amarillo, una verdadera pesadilla de clasificación que puede inutilizar partidas enteras de plástico reciclado.Por otra parte, transmiten un mensaje peligroso al consumidor. Que no duren 200 años no significa que sean inocuas: se necesitan al menos 18 meses para su degradación y el consumo de oxígeno de este proceso perjudica a los ecosistemas acuáticos. No se tira en el contenedor de "orgánico", sino en el de “fracción resto” -conocido como "orgánico" donde no lo hay-.

Compostable

La diferencia con respecto a las biodegradables estriba en el tiempo necesario para su degradación, mucho menor para las compostables. Es decir, todas las compostables son biodegradables, pero no todas las biodegradables son compostables. Para ello tienen que desaparecer al mismo tiempo que el resto de la materia orgánica que entra en una planta de compostaje. El problema es que ambos términos se confunden en muchos casos, y algunos de estos materiales pueden durar décadas hasta su degradación. Se tira en el contenedor de orgánico (no “fracción resto”)… si lo encuentras.

Degradabe-oxodegradable

Son bolsas convencionales hechas de petróleo a las que se ha añadido un aditivo que acelera su degradación por efecto de la luz o del oxígeno. Desaparecen de la vista, pero se desintegran en partículas sintéticas que permanecen en el entorno y pueden pasar a la cadena trófica. Al contenedor “fracción resto”, no al amarillo.

Reutilizable “al menos 15 veces”

Se trata de la bolsa tradicional de polietileno con un porcentaje de PET reciclado y un grosor mayor para proporcionar mejor resistencia. Su espesor asegura una vida de cientos de años en el medio ambiente y emite un mensaje “eco” bastante falaz, ya que contribuye a disminuir el impacto ambiental solo si efectivamente la utilizamos hasta el final de su vida útil y después se recicla debidamente, algo muy improbable. Se tira al contenedor amarillo

Reciclable

Las bolsas convencionales de polietileno. Sólo un 10 por ciento de ellas se reciclan. El resto acaban incineradas –liberando gases nocivos-, en vertederos o volando hasta quedar enganchadas de la rama de un árbol. En las plantas de reciclaje se transforman en granza de polietileno, muy útil para la fabricación de otros productos de plástico, pero en el mar tardan hasta cientos de años en desaparecer y ocasionan la muerte de delfines, tortugas, aves y otras muchas especies. Al contenedor amarillo

Reutilizable 

Ningún producto o material está libre de impacto ambiental, pero aquella bolsa de nylon o PET reciclado, reciclable (cuidado, las de rafia no lo son), lavable y que por su diseño te sirva para distintos usos se aproxima mucho al objetivo “residuo cero” y es la única que puede llamarse “ecológica”.

El consumidor por norma general desconoce este galimatías y se deshace de las bolsas como su intuición le indica,  entorpeciendo en muchos casos  los procesos de compostaje y reciclaje. Paradójicamente, las únicas bolsas que todos sabemos a qué contenedor van son las convencionales de polietileno, así que probablemente acaben por ser “menos malas” que las biodegradables y compostables. 


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